Sonia Gonzalvez

FEMINISMO, MACHISMO E IGUALDAD

FEMINISMO, MACHISMO E IGUALDAD

El DRAE define el término feminismo como el principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre, como el movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes de esa igualdad. El feminismo es un fenómeno social vinculado a un contexto histórico determinado que se va transformando a lo largo de los años a medida que avanza la historia. Dado que se define machismo como una forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón, como la actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres no se trata de términos opuestos y ha hecho falta el neologismo -todavía no incluido en el DRAE- de “hembrismo” que puede funcionar como sinónimo de misandria o desprecio por los hombres, lo que sí implica sexismo.

Una vez hechas las comprobaciones en cuanto a terminología y semántica ya puedo afirmar que me considero feminista. Dicen los principales medios que la jornada del 8 de marzo de 2018 ha sido histórica y que aparecerá en los libros de texto dentro de unos años porque las mujeres tomaron las calles sin miedo a luchar por la igualdad, por el fin de la violencia de género, de la desigualdad salarial o del techo de cristal. Leo en prensa que las calles de las principales ciudades de España se tiñeron de violeta, veo en televisión que también tuvo especial relevancia en Argentina o Turquía y que en Mosul hicieron historia con una maratón en la que corrieron 300 mujeres… y sin embargo no estoy animada el día después de...

No puedo negar la evidencia, algo sí hemos avanzado desde 1978 cuando el adulterio era un delito en España castigado con hasta 6 meses de cárcel. Fue bajo el gobierno de Adolfo Suarez cuando se derogaron los artículos 449 y 452 del código Penal relativos al adulterio y al amancebamiento. La supresión legislativa vino precedida por los cambios sociales, obviamente. En 1976 tuvo lugar en Zaragoza un juicio contra una mujer casada que fue denunciada por su marido a raíz de un viaje que hizo a Canarias en compañía de otro hombre -¡hace solo 40 años!-. Los hombres también podían verse afectados por estos artículos pero la principal diferencia era que si el acusado desconocía que la mujer estaba casada se libraba de la pena, la mujer no -1976, insisto-. El machismo imperante de la época asumía que la mujer era propiedad del hombre, un objeto.

Dada mi trayectoria profesional en el mundo de la Educación se me ha reprochado en ocasiones que veo en mi sistema la solución a todos los males de las sociedades: el racismo, la intolerancia, el clasismo, el maltrato en cualquiera de sus formas… nada va a cambiar si la manera de pensar de los hombres -y de ciertas mujeres- no cambia. Las mujeres hemos conseguido estar en ciertos lugares que nos estaban prohibidos, podemos desarrollar nuestra faceta profesional pero no se ha efectuado un reparto de los roles, solo hemos asumido los que los hombres llevan desarrollando desde hace siglos y no podremos hacerlo en igualdad mientras a una mujer se le reproche -o se sienta culpable- por no poder ir a una tutoría de su hijo o a un festival de fin de curso, mientras seamos las mujeres las que se ausentan de su puesto para atenderlos si enferman, las que son cuestionadas por su éxito profesional -arpías- las que enlazan una jornada laboral con otra -la del hogar, la que nadie quiere ver- porque la que puede costeárselo paga por tener ayuda y la que no, lo asume. ¿En qué parte de los compromisos que implica tener una relación o familia debemos asumir que uno de ellos será la organización, limpieza y cuidado del hogar?  Las madres y los educadores tenemos la responsabilidad en la ejecución del cambio del pensamiento -es tarde para ciertas edades, pero no para los niños- y tienen que educar a sus hijos e hijas en la igualdad, como personas y no como género. Darles alas para volar y realizarse -independientemente de sus inquietudes- y no establecer diferencias en sus rutinas permitiéndoles elegir.

Soy mujer, soy educadora y soy feminista. No me cansaré de repetir a mis alumnas que nadie puede tratarte como a una propiedad -que no son un objeto-, que nadie puede menospreciarlas, infravalorarlas, humillarlas, faltarles el respeto, controlarlas, vivir de su trabajo y de su esfuerzo -que no pueden permitirlo porque muchas llevamos toda una vida luchando por la igualdad- como tampoco ellas pueden hacérselo a nadie.

Igualdad.

Sonia Gonzálvez


Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: